La historia de Laura: una nueva forma de vivir con Parkinson

La historia de Laura con el Parkinson comenzó mucho antes de que pudiera darle un nombre a lo que le ocurría. Algunos de los muchos y variados síntomas que experimentaba comenzaron a manifestarse de forma esporádica años antes de recibir el diagnóstico. Por ejemplo, se quedaba paralizada en el medio de una avenida muy transitada, rompía en llanto sin motivo aparente durante una reunión con un cliente o caminaba con el antebrazo derecho levantado, como si fuera a estrecharle la mano a alguien. Pero estas manifestaciones eran tan diversas que hicieron falta muchos médicos y dos cirugías para obtener una respuesta. Cuando por fin recibió el diagnóstico de Parkinson en 2014, sintió una combinación inesperada de desconcierto 
y claridad.

“Recuerdo que llamé a mi tío Rodrigo, que fue diagnosticado con Parkinson en 1981, en busca de consejo. Sus palabras aún me guían y me reconfortan: ‘Laura, piensa en el Parkinson como un inquilino molesto al que no puedes desalojar. Es problemático, pero puedes aprender a vivir con él’”.

Aprender a vivir con Parkinson implicaba adaptarse, pero Laura no lo interpretó como una derrota, sino como una forma de seguir adelante. Gracias a su formación en literatura, publicidad y relaciones públicas, comenzó a usar el diseño como herramienta para transitar su nueva normalidad. Creó guías visuales, líneas de tiempo sobre sus síntomas, registros de medicación codificados por colores y dibujos que reflejaban el impacto emocional del Parkinson en su vida. No eran solo para ella: con el tiempo, esos materiales se transformaron en recursos valiosos para otras personas de su grupo 
de apoyo.

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Aun así, uno de los mayores desafíos que enfrentó fue el manejo de sus medicamentos. Durante años, tomó medicamentos de liberación inmediata siguiendo un cronograma estricto que marcaba el ritmo de sus días. Tenía que planificar cada comida y cada actividad en torno a las tomas.

“Sentía que ‘mi vida estaba marcada por un cronómetro”, comenta. 
“Y eso me generaba un ruido mental constante, que no se apagaba nunca”.

Con el tiempo, Laura empezó a sentir que su vida giraba más en torno al manejo de la medicación que al de la propia enfermedad.

Eso cambió cuando empezó a tomar CREXONT

(carbidopa y levodopa) en cápsulas de liberación prolongada. La idea de una fórmula de acción prolongada captó su interés desde el primer momento. Conocía bien el tema: Llevaba tiempo analizando sus propios patrones de respuesta y estaba lista para probar algo que pudiera ofrecerle 
más estabilidad.

“Recuerdo haber pensado: ‘¿Podrá este medicamento liberarme de vivir atada al reloj y los horarios?’ Y superó todas mis expectativas”.

Con CREXONT, Laura sintió que sus días volvían a transcurrir de forma más natural. En vez de vivir atenta a cuándo debía tomar la siguiente dosis, pudo volver a llevar su día a día con más confianza. La fórmula de liberación prolongada le proporcionó períodos más largos en estado “Good On”, es decir, momentos en los que la medicación funciona bien y no se experimentan síntomas. También implica la ausencia de movimientos involuntarios, conocidos como disquinesias, que pueden manifestarse como espasmos, sacudidas y movimientos de torsión. Y si estos se presentan, no interfieren con sus actividades diarias.

“Sigo siendo yo”, afirma Laura. “Pero ahora los síntomas no me interrumpen constantemente. Puedo desayunar con mi marido sin tener que mirar el reloj. Puedo salir a caminar sin pensar en cuánto tiempo me queda antes de tener que tomar otra pastilla. He ganado espacio, no solo en mi rutina diaria, sino también en mi mente”.

Laura ha vuelto a hacer cosas que le gustan, como bailar, pintar y viajar. Hace poco, se fue de crucero con su marido y está planeando otro con sus bisnietos. Llevará los pastilleros de CREXONT, que marcó con stickers de colores según su rutina, para no perder el ritmo ni siquiera durante 
las vacaciones.

Como líder de un grupo de apoyo, Laura suele compartir su experiencia con CREXONT para mostrar que, al encontrar el tratamiento adecuado, es posible recuperar el control, el equilibrio y la confianza en el día a día.

“El Parkinson no me impide ser yo misma. En todo caso, me ha vuelto más decidida. CREXONT me ha ayudado a vivir con más impulso. Siento que he vuelto a encontrar mi ritmo”.

Cuando no está moderando debates grupales o viajando, Laura dedica su tiempo a escribir una serie de herramientas que espera publicar algún día. Se trata de un diario visual y un sistema de planificación para otras personas que viven con Parkinson, que incluye ilustraciones, registros de síntomas y afirmaciones diarias.

“Siempre les digo a quienes me preguntan: ‘Sí, es difícil, pero esto no es el final de tu historia. Todavía hay música, todavía hay motivos para reír. Todavía se puede bailar, aunque los pasos no sean perfectos’. Y a veces, me responden con una sonrisa y se animan a seguir adelante.”

La experiencia de Laura con CREXONT es personal y puede no reflejar la experiencia de todos los pacientes. En algunos casos, CREXONT puede causar que la persona se quede dormida durante sus actividades diarias. Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas y ansiedad. Los resultados individuales pueden variar. Hable con su médico para saber si CREXONT es la opción adecuada para usted. Solo un profesional de la salud puede evaluar su condición y asesorarlo sobre las opciones de tratamiento más apropiadas en su caso.

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